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Domina estos 8 signos de lenguaje corporal y causarás siempre una buena impresión

Buena Vida

Por: pijamasurf - 09/26/2017

El cuerpo es una herramienta imprescindible para provocar una buena impresión en los demás. Más de una entrevista de trabajo se ha decidido por la manera en que el entrevistado se sienta, o por el apretón de manos que dedicó al entrevistador. Cuántas relaciones personales no se han frustrado también porque uno de los involucrados se mostraba demasiado tímido o incluso desconfiado, lo cual quizá no era así del todo, pero así fue interpretado.

Dominar el lenguaje corporal, sin embargo, puede no ser sencillo, pues es más o menos común que tengamos poca conciencia de la manera en que nuestro cuerpo se expresa, y dicha falta de atención puede jugar en nuestra contra.

A continuación te compartimos ocho habilidades de lenguaje corporal que vale la pena practicar y dominar, en la medida en que suelen leerse como símbolos de seguridad y confianza en las personas que los demuestran.

 

Espejo de la empatía

Qué es

La “técnica del espejo”, “postura espejo” o “espejo de la empatía” consiste, grosso modo, en adoptar algunas de las posturas del lenguaje corporal de la persona con la que te encuentras. Hay quien, por ejemplo, después de un tiempo de estar sentado, retoma una postura recta en su propio asiento, o recoge sus piernas que antes había estirado, o se gira para tener una postura un poco más abierta hacia su interlocutor. La idea es que tú también imites estos movimientos, con sutileza.

Para qué sirve

Los psicólogos del lenguaje corporal aseguran que esta técnica demuestra una amplia capacidad de empatía y, por lo mismo, es interpretada por la otra persona como un signo de confianza y de buena impresión.

Cómo practicarlo

Cuando estés con otra persona, prueba a imitar sus gestos. Pero hazlo con cuidado y con naturalidad, sin forzarlo o que parezca que es lo único en que estás pensando. De hecho, si te das cuenta, es muy posible que cuando te encuentres con una persona en quien confías mucho, inconscientemente alguno de los dos o ambos hagan de vez en cuando los mismos gestos. Toma conciencia de estos momentos e intenta llevarlos a otros contextos.

 

Caminar con energía

Qué es

Una acción tan sencilla como caminar refleja mucho de lo que somos, sentimos y pensamos en cierto momento. Las personas que la están pasando mal suelen caminar mirando hacia el piso, cabizbajos como se dice y, por el contrario, quienes se encuentran en un buen estado de ánimo pueden caminar despreocupadamente.

Para qué sirve

Caminar con fuerza y energía puede transmitir esto mismo a otras personas, lo cual a su vez viene acompañado de otras impresiones: por ejemplo, que quien camina así es una persona segura de sí misma, firme, equilibrada. 

Cómo practicarlo

Tómate unos cuantos minutos libres para observar a la gente en una calle transitada. Intenta identificar quién camina con prisa, quién con tranquilidad, si es posible saber quién está preocupado, alegre o incluso triste. Reflexiona sobre esto mismo contigo y date cuenta de la conexión entre tu forma de caminar y tus pensamientos y estado emocional. En la medida de lo posible, intenta caminar con energía, con vehemencia, pasos firmes y la espalda erguida, y haz consciente el cambio emocional que acompaña este simple cambio de postura.

 

Contacto visual

Qué es

La mirada es probablemente el punto más importante del lenguaje corporal, donde todo se concentra y donde todo es transparente. Podemos llegar a mentir con casi todo, pero los ojos terminan por expresar lo que de verdad pasa por nuestra mente. En este sentido, el contacto visual es decisivo para un intercambio cara a cara.

Para qué sirve

Mantener el contacto visual con tu interlocutor suele ser interpretado como signo de confiabilidad. Mirar a la persona con quien hablas demuestra seguridad en ti mismo, seguridad en lo que dices y también empatía y capacidad de escuchar a otros. En el caso opuesto, una mirada huidiza usualmente se toma como síntoma de ansiedad, temor, distracción e incluso falta de honestidad.

Cómo practicarlo

Sin obsesionarte con esto, en tus conversaciones cotidianas ejercita gradualmente el contacto visual. Recuerda hacerlo también con sutileza, pues el exceso de contacto visual puede sentirse amenazante.
Si tienes un problema de confianza –tanto en ti mismo como en los demás– es probable que esto no sea sencillo para ti, por lo cual puedes recurrir al menos a dos cosas: la primera, usar el truco de mirar a la otra persona hacia las orejas, lo cual hace parecer que mantienes el contacto visual (por lo mismo, puede ser mucho más efectivo cuando te encuentras no tan cerca de aquellos con quienes hablas).

La segunda técnica es mucho más reflexiva: implica darte cuenta de los momentos en que no temes mirar a los otros a los ojos. Seguramente, cuando hablas sobre un tema que te gusta mucho y que conoces bien, o cuando escuchas de la otra persona algo que te atrae (sea por el tema o por la forma de contarlo). Más allá de limitarte a hablar de o escuchar sólo lo que te interesa, la idea es que tomes conciencia de esos momentos en que te sientes suficientemente seguro de ti mismo(a) y poco a poco vayas ampliándolos y llevándolos a otros contextos.

 

Mantén las manos visibles

Qué es

Las manos son en muchas culturas una extensión casi natural del lenguaje. Pueden acompañar una explicación, por ejemplo, y entonces ayudar a demostrar el dominio del tema del que se habla, pero también reflejan los estados emocionales de una persona.

Para qué sirve

Tener las manos escondidas (en los bolsillos, tras los brazos cruzados, debajo de la mesa o debajo de las piernas) puede tomarse como un signo de desconfianza, como si la persona que tiene esta postura estuviera ocultando algo o sintiera que tiene que estar a la defensiva. Por el contrario, mantenerlas visibles y, más aún, abiertas, demuestra justamente eso: apertura, esto es, que estás dispuesto(a) a recibir y escuchar al otro y que eres alguien en quien se puede confiar.

Cómo practicarlo

Piensa un poco: ¿qué haces con tus manos cuando hablas con los demás? Cuando estás en clase, en el trabajo, cuando estás con tus amigos o tu familia. Si has tenido entrevistas importantes, ¿recuerdas cómo las moviste en esas ocasiones? Siempre que puedas, deja que tus manos hablen. Y cuando notes que las ocultas, que las contienes, ¡libéralas! Permite que acompañen tu expresión.

 

Ni muy inquieto, ni muy rígido

Qué es

Como muchas otras cosas en la vida, el lenguaje corporal también requiere equilibrio. Hay personas a quienes la ansiedad, el temor o la desconfianza llevan a los extremos de mostrarse o muy inquietos o muy rígidos. Tamborilean con sus dedos sobre la mesa, agitan sus piernas, se llevan las manos una y otra vez a sus cabellos o, por el contrario, se quedan tan sólidos como una piedra. El problema es que, en ambos casos, las señales pueden ser malinterpretadas por las personas con quienes estés.

Para qué sirve

Si puedes llegar a encontrar ese equilibrio, lo más probable es que a su vez el otro te considere una persona centrada, en quien puede confiarse, honesta.

Cómo practicarlo

Toma conciencia de los gestos que haces cuando estás especialmente nervioso(a). Quizá miras de un lado a otro, te frotas las manos, tragas saliva continuamente, o tal vez eres de aquellos que adquieren la rigidez de los objetos inertes. Usualmente esta reacción proviene de un patrón mental que estamos acostumbrados a aplicar a determinadas situaciones, lo cual implica que se trata de un hábito que es posible cambiar. El consejo más simple es: relájate. Respira, libera al cuerpo de su tensión y piensa que esa situación por la que tienes que atravesar no es la gran cosa, que seguramente ya has superado otras similares.

 

Siéntate con una buena postura

Qué es

La buena postura es importante en todo momento, y quizá más aún al estar sentados, situación en la cual existe cierta tendencia a relajarse y, poco a poco, adquirir cierta comodidad en el asiento.

Para qué sirve

Sentarse con comodidad excesiva puede ser leído por la otra persona como desinterés o franco menosprecio hacia la situación en la que estás (por ejemplo, una entrevista de trabajo). Por el contrario, mantener una postura erguida demuestra confianza, credibilidad y capacidad de atención.

Cómo practicarlo

Siempre que estés sentado imagina que tienes un hilo en el centro de tu cabeza y que éste pende del techo impidiéndote, así, perder la postura recta.

 

Conserva un saludo de manos firme

Qué es

Saludar de mano es una práctica ancestral que, especialmente en las culturas occidentales, significa el primer punto de contacto con otro individuo y que, por ello mismo, se ha llegado a considerar como una “carta de presentación” de quien lo hace o lo corresponde.

Para qué sirve

Sobre todo en los ambientes laborales y profesionales, un saludo firme se toma como un buen primer signo de confianza. Por el contrario, un saludo tibio o flojo se interpreta como proveniente de una persona con iguales características de personalidad: debilidad, temor, desconfianza.

Cómo practicarlo

Si no sueles saludar con firmeza, comienza a hacerlo. Extiende tu mano a otro, hazlo con seguridad y confianza, con un gesto seguro, no dubitativo, y ejerce una presión suave, moderada (un exceso de fuerza suele ser mal recibido, como gesto innecesario de amenaza). Agita una o dos veces la mano, verticalmente, y mientras lo haces procura mirar a la otra persona a los ojos y sonreír con sinceridad.

 

Relájate

Qué es

La relajación es el mejor estado al que podemos llevar a la mente y que, contrario a lo que a veces creemos, no se trata de una excepción sino que posiblemente sea, más bien, su estado natural. El exceso de estímulos y el desarrollo de la mente en medio del temor y la ansiedad son, entre otros factores, las causas que nos llevan fuera de la relajación y por ello a esos momentos de descontrol, inseguridad y desconfianza que hemos descrito anteriormente.

Para qué sirve 

Estar relajado(a) provocará que enfrentes cualquier situación con tranquilidad pero sobre todo con atención plena, concentrado en la situación misma, en tus reacciones y en las de los demás y, en el mejor de los casos, consciente de la manera en que respondes a las circunstancias que se te presentan.

Cómo practicarlo

En general, más que intentar “alcanzar” la relajación, lo más efectivo es entender qué de ti mismo(a) te impide estar relajado(a): cuál es la fuente de tu miedo, por qué sientes ansiedad, qué te hace desconfiar de los otros, etc. De este modo, con autoconocimiento, la relajación se convertirá poco a poco en un estado natural y no sólo en una conducta que te esfuerzas por implantar artificialmente.

En ese sentido, puedes meditar, acudir a una terapia psicológica de autoconocimiento (el psicoanálisis, por ejemplo), puedes escribir o incluso sólo mantener una postura reflexiva frente a tu propia vida.

 

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Aprovecha el día: el 'carpe diem' es tu mejor forma de estar en el presente

Buena Vida

Por: pijamasurf - 09/26/2017

Yoga, meditación, mandalas: ¿todo ello nos acerca mejor a vivir en plenitud aquí y ahora?

En años recientes, ciertas ideas espirituales netamente orientales se han mediatizado y popularizado en Occidente, en específico aquellas que, de inspiración budista, nos llaman a “estar en el presente”. La cultura actual, tan llena de ansiedad y distracciones, ha sido especialmente receptiva a esta invitación, en la medida en que a cambio de aceptarla se nos promete que así disfrutaremos de la vida en tranquilidad, felicidad o plenitud, cualidades que parecen hacer mucha falta en las sociedades y a los individuos de nuestra época.

Cursos para aprender a meditar, tutoriales de yoga en línea, libros para dibujar mandalas: los productos en torno a esta tendencia se multiplican día con día, tanto como las voces que dictan consejos y métodos para lograr en unos pocos días estados del espíritu que a otras personas les ha tomado años alcanzar. Si bien la necesidad de “estar en el presente” puede ser auténtica, la manera con que en Occidente se ha buscado satisfacerla podría no ser la mejor ni la más adecuada.

Como reseña Roman Krznaric en el sitio de la revista TIME, uno de los principales críticos de este interés desbordado por las disciplinas y doctrinas de Oriente es, curiosamente, Matthieu Riccard, conocido como “el hombre más feliz del mundo” y de quien nos hemos ocupado antes en Pijama Surf. Riccard, francés de nacimiento, es también un monje budista que luego de varios años de práctica ha ejercido la labor de vínculo entre las enseñanzas del budismo tibetano y Occidente. Sin embargo, ante la oleada de “atajos” que se ofrecen para alcanzar la conciencia plena (mindfulness), la tranquilidad de mente o la concentración absoluta, Riccard no tiene reservas en describir esta situación como “meditación budista sin budismo”.

El riesgo, según el monje, es que al no tener en cuenta nada más que el estado de la mente, la persona se vuelva “mental” en extremo. Y Riccard propone una comparación con un francotirador o un psicópata: ambos necesitan estar concentrados, sin distracciones, tan calmados como sea posible, enfocados netamente en su presente y, para colmo, sin sentir la necesidad de juzgar su situación (“matar sin juzgar”, dice Riccard). 

La comparación podría sonar exagerada, pero también es pertinente, pues apunta hacia una de las principales carencias de las adaptaciones occidentales de las prácticas de Oriente: el fundamento espiritual, sin lo cual es impreciso y podría decirse que hasta imposible entender disciplinas como el yoga o la meditación. El cual, por otro lado, es tan sencillo de enunciar, que sorprende que se ignore tanto en el mundo contemporáneo. Dicho fundamento no es otro mas que la compasión. Cuando se entiende que meditar o practicar yoga son ejercicios que se practican con el objetivo de ser más compasivos, pierden entonces cualquier cariz individualista que pudieran adquirir.

Krznaric, por cierto, cita en su texto otra postura frente a la existencia que aunque fue sostenida en Occidente durante muchos siglos, hoy en día parece totalmente olvidada: el carpe diem de los antiguos clásicos, ese “aprovecha el día” que durante casi 2 mil años se tomó como un recordatorio amable sobre la finitud de la vida. 

“Aprovecha el día” y “estar en el presente” son prescripciones afines y, salvo por el contexto cultural al que pertenecen, podría decirse que equivalentes. La diferencia, quizá, podría establecerse en el nivel de familiaridad o cercanía con que escuchamos cada una y, a partir de esto, podemos hacerla parte de nuestra vida.

Quizá, antes que meditar, hacer yoga o dibujar mandalas, para algunos sea mucho más sencillo y natural recordar que cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo que pasan son irrecuperables, y que nuestra única alternativa como humanos frente a esa fatalidad es aprovechar lo mejor posible el tiempo que nos fue dado. Entregarte de lleno y siempre en todo lo que haces, admirar y disfrutar lo invaluable de la vida, recibir con todos tus sentidos las experiencias que la existencia te depara… Eso, quizá, sea aprovechar lo mejor posible tus días.

Finalizamos con este poema de Horacio, el mismo poeta romano que usó el carpe diem en otra de sus odas y que, en este caso, nos legó una reflexión sobre la plenitud que, como una semilla, yace en cada instante, y que espera pacientemente a que la descubramos para que florezca ante nuestros ojos:

Odio, muchacho, el lujo de los persas 
y tampoco me gustan las guirnaldas
que se trenzan con fílira.
Deja ya de buscar
dónde se ha demorado una tardía rosa.
No quiero que, solícito, le añadas
nada al sencillo mirto: no nos desdora el mirto
ni a ti, mi escanciador, ni a mí, que estoy bebiendo
bajo la espesa parra.

("Persicos odi, puer, apparatus", Odas, Libro I, XXXVIII; traducción de Enrique Badosa)

 

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